
La ley de la gravedad no es responsable de que la gente se enamore
Albert Einstein
Emprendí un viaje de vuelta a tu puerto,
un bonito puerto de numerosos recovecos
en el que atracar mi barco de papel
mientras dure esta salvaje tormenta.
La travesía resulta peligrosa
y la niebla me oculta tu cuerpo,
pero las coordenadas de tus ojos
guían a mi timón prisionero.
Rompen olas contra mi cubierta,
azota el viento en mis velas
sin lograr torcer mi rumbo.
¡Tierra! Grita un marinero
al verte desde la torre.
Mi proa se adentra en tu muelle
y se amarra a tu melena.





